Propósitos

Llenar un vacío. Vivimos en un mundo y en una época en la que prevalece un desorden generalizado. Un período de extrema confusión de desequilibrio y de error. El mundo moderno sufre una crisis y ha llegado a tal punto, que una transformación más o menos profunda es inminente, un cambio de orientación deberá producirse inevitablemente.

La concepción de la vida cambió. De la visión tradicional de la vida como paso, como tránsito, se pasa a subrayar al goce de la vida, al disfrute del placer, el canto a la juventud en oposición a la muerte, el olvido del más allá para refugiarse en el disfrute material de los sentidos en este mundo.

Vivimos en una civilización centrada en el mito del progreso sin fin, un progreso que se nutre del predominio de lo material, de un materialismo que se considera el paradigma a seguir por todos.

El hombre ha quemado lo que antes adoraba y ha sustituido las antiguas creencias por las modernas supersticiones.

A la presente situación se ha llegado por una negación consciente y sistemática de los motores espirituales cuya manifestación son la verdadera función del ser humano.

Lo que constituye la fuerza invencible del espíritu tradicional es, precisamente, el situar al hombre en el interior, no en una lucha exterior contra los “molinos de viento” del mundo actual. Si se combaten las calamidades de este mundo fuera de la verdad total y del bien último, se crearán calamidades incomparablemente mayores, comenzando, precisamente, por la negación de esta verdad y la confiscación de este bien.

Cada persona puede tener una función, un destino particular, que le obligue a estar en el mundo, y cuyas obligaciones debe siempre cumplir en nombre de la verdad y actuando con discernimiento y sentido de la justicia.

La causa del estado actual del mundo es la falta de armonía interna del hombre y no una simple falta de ciencia y de organización.

En este orden de ideas, el cambio más importante a realizar, digámoslo con firmeza, es interior.

Somos nosotros los que tenemos que cambiar.

Tenemos que cambiar a través de nuestro compromiso personal de lucha interior cotidiana, con la práctica de un “arte de vida”, de un Código de Honor, basados en la conciencia de lo que hacemos y en la práctica de la virtud, del “buen obrar”.

Los que lleguen a vencer los obstáculos y a triunfar sobre la hostilidad creciente de un medio opuesto, sin duda serán poco numerosos, pero no es el número lo que importa. No hay pues que desesperar.

Los que estén tentados en ceder al desánimo deben pensar que nada de lo que se cumpla en este orden puede perderse nunca, que el desorden, el error y la oscuridad no pueden subsistir más que en apariencia y de modo totalmente momentáneo, y que, finalmente, nada puede prevalecer contra el poder de la verdad, por esto la divisa de la Sociedad del Honor Judicial es: Vincit Omnia Veritas.



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Contacto: sociedad@sociedaddelhonorjudicial.org